Annika leyó con calma, realmente más emocionada y curiosa de las practicas que iban a realizar que cualquier otra cosa, puesto que cada línea escrita despertaba un sinfín de mariposas en su estómago. No era más que un acuerdo mutuo de consentimiento, donde ambas partes estarían conformes con cada una de las reglas, límites, roles y sesiones que llevarían a cabo. Todo le pareció interesante y la ansiedad por empezar cuanto antes la llevó a pasar por alto varios puntos que Kian dejó en claro como