El restaurante quedaba muy cerca de la propiedad, por lo que se fueron caminando, bordeando la playa, disfrutando de las vistas y deleitándose con la brisa marina y el sol en su máximo esplendor.
Kian no liberó la mano de Annika en ningún momento, e incluso, en medio del camino, la besó con esa pasión y deseos que lo consumían y en ese momento ya no podía pensar ni buscar de dónde habían surgido. Estaba embriagado de ella, completamente a sus pies, ansiando el momento de tenerla a su merced y