Kian miró a Annika extrañado, de repente su humor había cambiado y se había mantenido en un silencio inusual que empezaba a molestarle. Desde que la conocía siempre tenía que decir y opinar. Ahora parecía distante, aunque trataba de sonreírle con los dientes de atrás. No entendía qué había sucedido, si hacía poco estaba risueña, hablando sin parar y devolviéndole unos besos tan deliciosos que lo tenían con la mente en blanco.
Entraron a la casa en completo silencio, dejando las maletas a un lad