Los días habían pasado con suma rapidez para Annika, quién en medio de su trabajo y su tiempo libre, no dejaba de pensar en aquel desconocido que ahora tenía un nombre y recitaba hasta en sueños como un mantra.
Si bien no se habían vuelto a ver desde hacía dos semanas, sí que se escribían a diario, siempre hablando de temas sin importancia y que la hacían reír, cuando ella pensó que ser su sumisa era algo completamente diferente. Pero lo que el hombre le explicó es que ese rol de amo y sumisa