Luego de tanto rogar y prometerle a su jefe que haría turnos extras e incluso en sus días de descanso, Annika logró que le dieran un permiso por cuatro días. Le hubiera gustado un poco más, pero su jefe no cedió más que eso, así que no tenía más opción que disfrutar de esos escasos días junto a Kian.
—Lo único que te diré es que tengas mucho cuidado y que disfrutes al máximo de ese hombre ardiente y sensual —le dijo su amiga, ayudándole a empacar su ropa—. Por cierto, lleva muchos condones y no