Kian paseó la fusta por las piernas de la joven en completo silencio, acariciándola con suma suavidad y haciendo que ella se estremeciera. El cuero era duro, pero la caricia hacia que el material fuese hecho de plumas. Recorrió sus muslos, las piernas, el vientre, su sexo, su vientre y estimuló sus pezones aprensados por las pinzas, su cuello, antes de volver a descender por su cuerpo y acariciar cada parte con total calma y suavidad, arrebatándole finos gemidos a la joven.
Se detuvo por unos i