Sombras y deseo (4ta. Parte)
La misma noche
Islas Maldivas
David
Tontería era no hacer nada. No podía simplemente ignorar el comentario de Cristal sobre el hombre que nos vigilaba, porque en el fondo temía lo peor: que el desgraciado de mi padre hubiera descubierto que seguía vivo.
Bastaba una pequeña duda para que me cazara como a un animal.
Y no, no sería para abrazarme ni pedirme perdón por haberme disparado, sino para vengarse por haberlo mandado a la cárcel con mi engaño, incluso asesinarme. Esa simple idea me helaba