Jugadas en la oscuridad (1era. Parte)
El mismo día
Londres
Prisión del estado
Blake
Dependía del sicario John Winfield por desesperación, no por convicción. Desde la celda, la paciencia se me hacía pedazos: el tiempo jugaba en mi contra y no podía quedarme cruzado de brazos esperando a que Mirko cumpliera sus amenazas. Saqué el teléfono del escondite con las manos tiesas; lo apreté contra el oído y dejé que el ruido de la prisión —los pasos en el patio, el goteo de alguna cañería, el murmullo lejano— marcara el tiempo como un marti