Un movimiento brusco hizo que abriera mis ojos rápidamente para ver el cuerpo de Damián desaparecer con desespero a través de la puerta del cuarto de baño. Me incorporé en la cama hasta que quedé sentada sobre la el cómodo colchón.
Con mis manos hechas puños restregué mis somnolientos ojos, para luego evaluar con atención el lugar.
Era mucho más pequeño que nuestra habitación, pero eso no quitaba que fuese tan elegante y bonita como toda la casa. Por el ventanal se colaba la opaca luz del sol,