Después de unos largos cuarenta o treinta minutos, Dan entró a una especie de campo, sólo se podía ver un gran terreno de césped verde y muy a lo lejos árboles que no dejaban ver más allá de ellos. A pesar de ser un lugar ubicado en medio de la nada, rodeado de árboles y sin una sola construcción, intuía que pertenecía a Damián, pues al entrar pude ver un tablero que advertía que no se cuantas hectáreas del terreno eran propiedad privada y un poco más abajo el apellido de Damián.
El auto siguió