Había pasado un tiempo desde que perdí a mi hijo, un mes y dos semanas para ser exactos. El dolor de ya no tenerlo seguía presente, aun dolía pensar en él, pero he de admitir que con el pasar de los días, y gracias a Damián el dolor se había disipado un poco, es decir; estaba allí pero no quemaba, no asfixiaba cómo los primeros días.
Otro dolor con el que la bestia me estaba enseñando a vivir.
Y al principio no había sido nada fácil, me había negado a todo, odié a todos; A Carmen, a Helen, Call