Ya había amanecido, podía sentir a Damián prácticamente sobre mi espalda, su pierna rodeaba mi cuerpo al igual que su brazo izquierdo. Había despertado hace bastante rato, incluso antes de que unos muy débiles rayos de sol se colaran por las cortinas cerradas de la habitación.
Me sentía algo nostálgica, todos los años desde la muerte de mis padres este día se había vuelto algo triste. Pero a diferencia de los años anteriores hoy no sólo extrañaba a mis padres y hermano, sinó también a Camerón;