Aria aún llevaba su pijama y el cabello algo desarreglado. Estaba sentada sobre un cojín apoyado en el piso de la sala, con un plato apoyado sobre una revista que contenía dos sándwiches y un vaso de jugo. Comía sin apuro, más por costumbre que por hambre, mientras Sophie habría una a una las cajas apiladas a un lado de la ventana.
—No entiendo por qué guardar los adornos por tanto tiempo —comentó Aria, mirando una caja llena de luces.
—¿Crees que debería comprar nuevos? —respondió Sophie, sos