Aria se miró al espejo por tercera vez, sin saber exactamente que buscaba corregir. No eran nervios, al menos, no del todo. Se sentía con las expectativas altas, aunque no imaginaba que esperar. Se acomodó el cabello hacia un lado, luego hacia el otro, e incluso intentó sujetarlo con un broche de madera que tenía; nada la convencía. Finalmente, lo dejó suelto. Volvió a mirarse para asegurarse de que era ella quien estaba allí, aunque últimamente no lo sintiera. En su reflejo reconoció que ya no