La casa estaba en silencio. Aria llevaba rato sentada en el sofá, con las piernas recogidas y la mirada perdida en la pared. No tenía lágrimas ya, pero seguía llorando por dentro: esa respiración entrecortada, ese temblor leve en los dedos, esa presión insoportable en el pecho que la dejaba sin aire.
Escuchó la llave girar en la puerta y se apresuró a limpiarse la cara con las manos, aunque sabía que era inútil. Sophie entró riéndose, apoyada contra el marco mientras Ryan la abrazaba por detrás