Los grandes ventanales del cuarto de estar dejaban ver perfectamente la situación. La explosión fue en la piscina y en el árbol que hacía sombra en una esquina, había dos muñecos tamaño humano que parecían vudús, colgando de la cabeza.
Temblorosa, salí junto a Nicholas, tomada de la mano y no encontramos a nadie. Solo divisamos a lo lejos a las cuatro personas encargadas de seguridad que venían corriendo hacia nosotros.
Rápidamente ellos revisaron el lugar y explicaron que no había cámaras de