Desperté en la cama de mi rubio y no lo encontré a mi lado. Me levanté, tomé mis cosas y fui a la ducha.
Bajé las escaleras y la mesa del desayuno estaba servida. Toda la casa patas para arriba con el servicio que no había ido el fin de semana.
Ordené un poco y me senté a su lado. Estaba tan concentrado en su celular que demoró en darse cuenta de que yo había llegado. Levantó la cara y me sonrió.
—Buenos días. —Se acercó y me dio un tierno beso.
—Buenos días, rubio favorito. —Lo miré embobada