Valeria terminó de despertar de su siesta con un dolor de cabeza mortal que la obligaba a parpadear con dificultad. Se levantó de la cama arrastrando los pies, dispuesta a buscar un analgésico en su neceser de viaje. En ese preciso instante, el timbre de la suite sonó. Era Gloria, quien entraba a la habitación con una sonrisa puntual, trayendo en una mano la pastilla de emergencia que le había prometido y, en la otra, un analgésico y un protector estomacal.
—Sabía perfectamente que ibas a neces