El jet privado aterrizó en la pista de la Isla San Cristóbal bajo un manto de estrellas que parecía fundirse de forma invisible con el horizonte del océano Pacífico. El aire de las Islas Galápagos los recibió cargado de una pureza mística, un salitre denso y salvaje que distaba enormemente del trópico peninsular. Custodiados únicamente por un equipo mínimo de seguridad avanzada que la Corporación Vega había coordinado en estricto hermetismo, Valeria y Ji-hoon abordaron un transporte privado que