El estadio olímpico rugía con la fuerza de una bestia indomable. Era una marea humana de decenas de miles de almas que agitaban sus lightsticks de colores en la penumbra, creando un océano sintético de estrellas terrenales. Era el mismo mar de gente sobre el cual Min-ho, el líder, le había advertido a Ji-hoon que podía devorarlo vivo si perdía la concentración.
En la zona VIP, a escasos metros del escenario principal donde el calor de los focos era casi palpable, Valeria y Gloria observaban con