Salieron.
El sol de la mañana les dio de lleno en los ojos: brillante, implacable. Y con él, las miradas de todos los que ya esperaban junto a los coches.
Todos estaban en sus puestos: maletas listas, conversaciones en marcha, risas interrumpidas a mitad de frase... y de repente todo se calmó en cuanto aparecieron Louise y Philippe juntos.
Con el mismo leve rubor. Con el mismo silencio incómodo entre ellos.
Ana fue la primera en notarlo. Luego André.
Y, por supuesto, Juvan, que arqueó una ceja