Cuatro meses después
Habían pasado cuatro meses.
No había sucedido de forma ruidosa ni dramática. Simplemente se habían disuelto en espacios compartidos, frases tácitas y momentos que rozaban el significado. La casa se había asentado gradualmente en su ritmo: peligrosamente tranquilo, engañosamente familiar.
Louise ahora se movía con facilidad por las habitaciones. Las vacilaciones en los pasillos y el tenso silencio en la mesa habían desaparecido. Empezó a reír más, a hablar con más libertad: