Louise agarró el borde de la toalla y la apretó contra sí, como si intentara retroceder en el tiempo, ocultar no solo su cuerpo, sino también lo que acababa de suceder bajo la tela. Pero fue en vano. La puerta permaneció cerrada y el silencio en la habitación se volvió denso, casi palpable. Retrocedió unos pasos y se dejó caer lentamente al borde de la cama. Su corazón latía con fuerza, como si aún se negara a creer que todo había terminado.
¿O no?
Su mirada regresó involuntariamente al espejo.