No se lo permitiré. No dejaré que me intimide.
Cierro los ojos y aprieto los puños, de pie junto a la ventana. Llevo casi una semana viviendo en este infierno tejido de desesperación. Entiendo perfectamente lo que él hace: manipula, asusta, presiona la culpa. A mi padre no le importan mis lágrimas ni mis gritos. Toda mi vida fui obediente, cómoda, fácil de manejar. Pero ya basta.
El día de ayer fue una auténtica pesadilla. Cuando mi padre vio las flores que me envió Miguel, simplemente se convi