Miro a mi alrededor. Lo que al principio me había parecido pesado y descuidado, con una mirada más atenta resulta ser una decisión de diseño cuidadosamente pensada. Cada detalle está en su lugar. Y también es evidente que aquí vive un hombre. No diría que es sucio, pero hay cierto desorden: la cama está deshecha, la ropa colgada sobre el respaldo de una silla, y sobre el escritorio hay hojas, lápices y algunos libros esparcidos de forma caótica. Una taza, con la etiqueta del té todavía colgando