Pero esta vez, Mariana había calculado mal.
Sofía sí tenía pruebas.
A su alrededor, los estudiantes se agolpaban, cada vez más numerosos, ansiosos por saber qué clase de evidencia guardaba en la mano.
De pronto, Sofía sacó un USB. Las miradas se clavaron en el pequeño objeto.
—¿Un USB? ¿Y eso qué prueba?
—Seguro está bromeando, ¿qué evidencia va a ser esa?
…
Mariana se adelantó con sorna:
—¿Quieres decir que escondí acordeones en ese aparatito y luego copié en la computadora del aula? No invente