—Si antes de caer sigues diciendo que no tienes nada que ver con el terreno de las afueras del sur de la ciudad, te voy a creer.
—¡Tú…!
A Sofía se le ensombreció la cara.
¿No era esto lo mismo que arrancar una confesión a la mala?
Las luces altas ya bañaban el borde roto del puente. Sofía cerró los ojos y dejó la vida al destino.
—Di lo que quieras. Yo no tengo nada que ver con el sur de la ciudad.
Elías alcanzó a verla, rendida al “que sea lo que sea”, y frenó justo en el último segundo.
El c