Sofía seguía comiendo, tranquila y con método.
—El resultado —dijo por fin Elías, retirando la mirada— es que no hubo resultado.
Sofía soltó el aire en silencio.
Ya sabía que a Elías le gustaba hacerse el enigmático.
—Nada gracioso, nada —rió forzado Leonardo Rivas—. A Elías le fascinan los chistes fríos. Señorita Valdés, ni lo tome en cuenta.
—¿Cómo cree?, no me molesta.
Sofía dejó los palillos.
—Ya se hizo tarde. Mejor me voy.
—¿Tan pronto? —Leonardo se puso de pie—. ¿No se queda un rato más?