Ante la insistencia del jefe académico, Sofía perdió la paciencia. Su voz sonó fría:
—Ya lo dije. Si de verdad me acusan de pelear y causar disturbios, que el director llame a la policía para arrestarme. Pero si es solo por la tasa de graduación… lo siento, ese es problema de la universidad. ¿Por qué tendría yo que cargar con eso?
—Tú… —alcanzó a decir el jefe académico.
Pero Sofía ya había colgado. Para ella, esa llamada carecía de sentido.
El director no hacía más que temer a Alejandro, o quiz