Capítulo 311
Al escuchar eso, Lola se puso visiblemente nerviosa.

Estaba en una situación sin salida: si la familia Rivera se echaba para atrás y no le permitían vivir con ellos, ¿dónde iba a quedarse?

—Señorita Hernández, no se altere. Ahora mismo voy a preguntar la opinión de la señora —respondió la empleada, que en realidad ya miraba de reojo a la anciana sentada en el sillón.

La señora Rivera simplemente negó con la cabeza.

La empleada pensó rápido una excusa y contestó al teléfono:

—Señorita, no es que
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