—¡Maldita mocosa, sal ahora mismo! —la casera irrumpió furiosa en el cuarto de Lola.
Al verla entrar sin permiso, Lola se puso pálida:
—¡Señora, cómo se atreve a entrar a mi cuarto sin avisar? Usted… ¡ah!
No alcanzó a terminar la frase cuando la casera le soltó una bofetada.
—¡¿Cómo se atreve a golpearme?! —Lola estaba desencajada.
En la universidad la trataban como reina; era la primera vez que alguien la abofeteaba.
—¿Y por qué no? ¿Sabes el lío en el que me metiste? Desde antes sabías que tu