—Imprímelo para que la señorita Valdés lo revise y firme.
—Sí.
Bruno enseguida pasó el contrato por la impresora.
Elías lo había redactado con tanta claridad que parecía temer que Sofía no entendiera: frases sencillas, letras resaltadas en los puntos favorables para ella.
Sofía, tras asegurarse de que no había trampa, estampó su firma.
Cuando Bruno le entregó el documento a Elías, éste ni siquiera lo miró; lo firmó de inmediato.
—¿Ya no hay más asuntos, Elías? Si no, me retiro —dijo Sofía.
—¿No