No importaba lo que dijeran: la Ciudad Brava era el territorio de Alejandro.
No importa la posición ni el origen: quien llegue a la Ciudad Brava tiene que ceder ante la familia Rivera.
El secretario Javier todavía no podía creerlo: ¿una muchacha recién vuelta del extranjero, atreviéndose a rechazar la invitación de Alejandro?
El rostro de Alejandro, al escucharle, se endureció hasta volverse de piedra:
—Ella no está a la altura.
—Sí, señor Rivera.
Al retirarse, Alejandro añadió con frialdad:
—Vi