—¿Ella misma, feliz, empacando sus cosas?
Alejandro casi se ríe de su propia estupidez al escuchar eso.
¿Tan ansiosa estaba Sofía por abandonar la casa Rivera?
—Señor Rivera… ¿está usted bien? —preguntó Carmen, sin poder disimular cierto miedo al mirar su rostro.
Últimamente, el carácter del señor Rivera parecía cambiar de un momento a otro: primero alegría, luego ira.
—¡Sí, estoy bien! —dijo Alejandro con frialdad—. Si a Sofía le gusta tanto empacar, que lo haga sola. ¡Que ella misma baje sus maletas! ¡No necesitamos ayudarla!
Dicho esto, Alejandro se dio la vuelta y regresó a su habitación.
Carmen se quedó con cara de desconcierto.
¿Estaba enojado con ella, o con Sofía?
Mientras tanto, Sofía ya había guardado los contratos de los proyectos en el fondo de su maleta.
Cuando levantó la maleta para dejarla lista, escuchó a Carmen tocar la puerta:
—Señorita Sofía.
—Pase.
Sofía terminó de organizar su maleta.
Viendo que Carmen dudaba en la puerta, dijo:
—Justo a tiempo, mis piernas no está