Cuando todos los estudiantes pensaban que Mateo había llegado para anunciar la beca de estudios en el extranjero para Mariana, él, con toda calma, señaló a otra persona:
—Mónica Torres.
El cuerpo de Mónica se tensó de inmediato al escuchar su nombre.
—Estoy…aquí... —respondió con voz apagada mientras se ponía de pie, sin entender todavía a qué venía todo aquello.
En ese instante, uno de los guardaespaldas que aguardaba en la puerta entregó a Mateo una hoja recién impresa.
Sin siquiera mirarla,