—Un incidente tan grave, ¡no queda más que expulsarla!
—Yo también estoy de acuerdo con la expulsión.
Las manos se alzaron una tras otra en la sala de juntas.
Mientras tanto, en el salón de clases, Mónica, que llevaba horas esperando la notificación de la escuela, estaba empapada en sudor frío. Apretaba con fuerza el brazo de Mariana y, con voz temblorosa, le preguntó:
—Mariana, ¿tú crees que me expulsen? ¿Que de verdad me saquen?
Al ver lo nerviosa que estaba Mónica, Silivia trató de tranquiliz