En ese momento, el secretario Javier ya había enviado a Alejandro al teléfono toda la documentación que se necesitaría para la reunión del día siguiente.
Alejandro no tuvo más remedio que regresar y revisar con esfuerzo los archivos en su teléfono.
De repente, Sofía en la cama pareció sumida en una pesadilla y llorando dijo:
—¡No me pegues… no me pegues!
Al ver eso, Alejandro se acercó de inmediato a la cama. No sabía cómo consolarla, así que simplemente tomó su mano y le susurró:
—Estoy aquí, e