—Vaya, ¿entonces esta es la señorita Valdés? Con razón dicen que es tan bonita.
La mano grasienta de la reclusa se deslizó con descaro por el cuerpo de Sofía. Ese contacto viscoso le revolvió el estómago. Con gesto de asco apartó la mano de un manotazo.
—¡Aléjate de mí!
Apenas lo dijo, un bofetón resonó con violencia. La mejilla le ardió y el zumbido en los oídos le nubló la cabeza.
—¿Todavía crees que eres la gran heredera de los Valdés? ¡Bájate de la nube! Te metiste con la persona equivocada.