Vaya frase: "si eres inocente no deberías temer que te investiguen".
Sofía soltó una risa amarga.
Cómo había podido olvidarlo.
Alejandro siempre había sido así.
En su mundo solo cabía Mariana, y los demás no importaban, ni vivos ni muertos.
En la otra vida la había arrojado a manos de unos secuestradores, dejándola morir entre golpes y humillaciones.
En esta, la entregaba a la policía como si fuera basura.
Perfecto.
Sofía se levantó del suelo, presionando la herida que aún sangraba.
—De acuerdo.