—Está bien, profesor Ruiz, hasta luego.
Sofía hizo una pequeña reverencia y enseguida salió rumbo a la calle, alejándose de la escuela.
Mientras tanto, en la casa de los Rivera.
—¡Esto es un despropósito! ¿Quién te dio permiso para hacer semejante cosa?
La doña Rivera golpeó la mesa con la palma abierta.
Jamás se le habría ocurrido que, en un descuido, Alejandro convocara a la prensa y anunciara sin más la ruptura de su compromiso con Sofía.
Él estaba de rodillas en medio de la sala, en silencio