Mateo ni siquiera le dirigió una mirada a Mariana.
Las palabras se le quedaron atoradas en la garganta; sabía que él no iba a darle ninguna consideración. Seguir hablando solo la pondría en desventaja frente a él.
Mateo extendió la mano y tomó la muñeca de Sofía. Al ver la herida tan evidente en su brazo, frunció el ceño:
—Se te dañó un tendón, hay que ir al hospital.
—¡Yo, yo no puse tanta fuerza! — protestó Mónica, tratando de zafarse y buscando con desesperación la mirada de Mariana.
Mariana