—¿Eso significa que no hay trato?
—¿Tú qué crees?
Sofía ya sabía que Alejandro no cedería tan fácilmente. Su visita solo era una advertencia, un recordatorio de que todo tiene un límite. Hasta un perro acorralado muerde, y ella no era precisamente alguien fácil de manejar.
—Señor Rivera, ¿te interesa hacer una apuesta conmigo?
—¿Apuesta de qué?
—De que si sigues en mi contra, este año te irá de la patada.
—…
Sofía se puso de pie y caminó hacia la puerta, pero antes de salir, se detuvo y dijo:
—P