Esa noche, al menos la mitad de los asistentes habían venido por una sola razón: el compromiso entre la familia Rivera y los Valdés.
Y al ver que Tomás se atrevía a provocar a Alejandro, a muchos les empezaron a surgir ganas de marcharse antes de tiempo.
—Señorita Salvatierra, ¿le gustaría dar un paseo por allá? —preguntó Tomás, con una sonrisa que creía encantadora.
Como era el anfitrión de la velada, el señor Salvatierra y su esposa no tuvieron más remedio que hacer una leve seña a su hija, dá