Lo que acababa de decir Lidia era una clara insinuación: Tomás no tenía el nivel para estar en ese lugar.
El rostro de Luisa se tensó apenas oyó la frase.
Pero Lidia no lo había dicho con mala intención. Sin prisa, con esa elegancia que le era natural, agregó:
—Aunque no conozca mucho el lugar, hoy tendrá tiempo de sobra para familiarizarse. Escuché que son contadas las personas en la ciudad que pueden reservar el salón del Hotel Real. Eso demuestra que el joven Valdés tiene un futuro brillante