Sofía llegó pronto a la entrada del Grupo Rivera.
Los empleados que estaban afuera, al verla aparecer, se hicieron a un lado con rapidez, como si la presencia de Sofía fuera una amenaza que preferían evitar. La miraban con recelo, con esa mezcla de incomodidad y juicio que solo se reserva para quien ha roto las normas no escritas de un lugar.
Pero ella no les prestó atención. Mantuvo la cabeza en alto y atravesó la puerta principal, ignorando las miradas como quien pisa entre hojas secas.
Poco d