Mientras hablaba, Sofía entregó el contrato que ya tenía preparado a Luisa.
Al ver que Sofía lo había traído consigo desde un inicio, el rostro de Luisa se tensó visiblemente.
Pero a Sofía no parecía importarle. Continuó con serenidad:
—Tía, ya revisé el contrato con todo detalle. Solo tienes que firmarlo. Quiero ese par de perlas frente a mí en no más de siete días. Supongo que en ese tiempo te será suficiente para recuperarlas, ¿verdad?
—Desde luego que sí…
Eso respondió Luisa con la boca, au