—Si no llamaste a Elías, entonces ¿por qué fue él el primero en venir a salvarte? —la voz de Alejandro sonaba incrédula, como si dudara de lo que decía.
Sofía frunció el ceño, confundida:
—¿Cómo voy a saberlo? Señor Rivera, esa pregunta no me toca a mí, debería hacérsela al señor Casanova.
—Bueno, entonces dime: antes de llamarme a mí, ¿ya había pasado algo o no?
—No... aún no...
—Si ya te pasó algo, ¿por qué no me llamaste? ¿O por qué no buscaste la forma de contactarme?
—¡No tenía el celular c