—Bruno, revísala.
Sofía se quedó quieta, con la expresión entre tensa e incrédula. Bruno ya se acercaba, dispuesto a registrarla físicamente.
Pero ella frunció el ceño y levantó la voz con firmeza contenida:
—Al menos deberían considerar que soy la prometida de Alejandro Rivera… ¿no creen que debería ser otra persona quien me revise?
—Tienes razón —respondió Elías con la misma frialdad de siempre.
Sofía pensó que llamaría a alguna empleada del hotel. Pero no. Elías caminó directamente hacia ella