Media hora después—
Sofía estaba en la casa de Alejandro, concentrada en su tesis. Llevaba puestos unos lentes de armazón negro y tenía la vista clavada en la pantalla de su computadora, buscando fuentes y referencias con rapidez.
Había perdido varios meses de clases, y su avance académico estaba muy por detrás.
A pesar de contar con la experiencia de su vida anterior —tres años de práctica profesional—, sabía bien que el estudio requería más que memoria: exigía constancia. No se podía permitir