Alana.
Lauren frena frente a las imponentes puertas de hierro forjado con la mandíbula casi rozando el volante.
—¿Segura de que no necesitan otra niñera? Este jardín se ve mucho más relajante que mi salón de clases.
Suelto una carcajada mientras me acomodo el bolso
—Ni se te ocurra —le advierto—. Según mi contrato, esto es casi un asunto de seguridad nacional. Nada de fotos para el grupo de WhatsApp.
Las puertas se abren y Lauren avanza por el camino de grava.
—Tranquila, mis labios están sella